
En la ruta a la salida de Linares, orden del alto mando de los mochileros, emprender camino hasta Pucón, cantidad de kilómetros por recorrer como cuatrocientos, es decir para cualquier persona que haga dedo eso es harto, sobretodo con la buena disposición de nuestros amigos automovilistas. Tenemos que tener en cuenta la seguridad que ellos mismos prodigan, a eso agregamos la mala fama del mochilero en general, aunque no vamos a emitir juicios de valor en este ítem. Proseguimos nuestro camino, donde queríamos llegar a Parral, en primera instancia, siempre en búsqueda de la Bencinera. A estas alturas del viaje parecía una obsesión, recorrimos su buen trecho, algunos definitivamente tenían muchas ganas de llegar lo más pronto posible, así que nos sacaron una buena ventaja en la ruta, yo con mi tonelada de ropa a cuesta iba rezagado haciendo dedo, que iluso. Paramos a descansar un rato y tomamos la decisión de tomar algo que nos llevará hasta una Bencinera, pagamos $400, y cinco minutos más tarde nos bajamos, gran negociación pagamos los kilómetros más caros de todo el mochileo, lo peor fue la Bencinera, le penaban las ánimas, lo más cercano a esas películas gringas que muestran la Bencinera perdida en medio del desierto, bueno ahí llegamos, cinco minutos esperamos no había ni personas atendiendo el lugar, así que a caminar se ha dicho, todavía nos quedaban 60 Km. para Parral y eran las 12:30 del día, algo atrasados en nuestras pretensiones de llegar a Pucón lo antes posible al mínimo gasto. Seguimos, el hambre arreciaba, el esfuerzo había sido de los buenos, una hora más tarde parábamos a comer una lata de atún, bajo una pasarela, rica la lata de atún pero para cuatro personas lo único que sirvió fue para acallar al indómito que a esa hora pedía a gritos que le echaran algo para entretenerse. Paramos quince minutos y después bus a Parral, excelentes negociaciones y a dormir un rato hasta llegar al terminal, nos bajamos preguntamos donde quedaba la Bencinera, parecemos disco rayado a esa altura, el guión parece repetirse, quizás los matices eran distintos, los lugares también pero la búsqueda de la Bencinera se mantenía, la respuesta fue negativa, que hacemos preguntemos por un bus hasta Chillán, a las afueras de este se encontraba la Bencinera que nos desviaría del camino, pero que sin lugar a dudas fue el trecho más rápido que recorrimos.
En Parral compramos para alimentarlos, el siempre fiel compañero de la ruta, ya parte de nuestra dieta el mortal kombat nuevamente nos salvo de la inanición, para capear el rato de espera nos pusimos a conversar con la joven que atendía en la línea de buses que viajaríamos a Chillán , muy cocoroca ella, se reía de cada sandez que decíamos, todo unos galanes de la ruta seguimos nuestro parloteo hasta la hora partir, nos metimos lo más rápido al bus, obvio que nos despedimos de la lola, estaba partiendo y, de improviso aparece ella, me dije recorcholis se nos enamoro la lola, y quiere viajar con nosotros, le tendremos que romper el corazón, cada uno tiene en mente a alguna mujer con la cual platonizábamos nuestro avanzar, quizás algunos no, pero bueno esto es para darle más sabrosura al relato, tan desprólijo de amor, quizás lo que menos tenga esta historia es amor. Aquí aparecía me dije, al final esa historia como de marinero que dejan un amor en cada puerto, los mochileros dejan un amor en cada pueblo. Se aproxima donde nos encontrábamos y escondiendo algo en su espalda, sería una flor para alguno de nosotros me pregunté, grueso error nos comienza interrogar, y de la nada saca el celular de Marucho que lo había abandonado en la recepción, se nos puso pálido el enano pero luego de los agradecimientos de rigor le volvieron los colores. Así nos dispusimos a dormir parte importante de nuestro andar, aprovechar las horas de sueño en cada bus, eran importantes para las energías que debíamos entregar después, llegamos a Chillán un par de indicaciones y a la Bencinera se ha dicho.
No entiendo como consideran los sureños las distancias y sus referencias a los sistemas métricos, los cinco minutos son siempre como media hora, y las dos cuadras como cinco kilómetros, será que andamos tan rápido los citadinos, que en realidad, el tiempo tiene que ser exacto y andamos apresurados por todo, para la gente del sur quizás media hora son cinco minutos pero bien extendidos y vividos, como que la vida para ellos pasa más lenta, mientras que a nosotros nos urge y media hora son como cinco minutos porque no alcanzamos a hacer nada. En fin, le pedimos indicaciones como a diez personas, cada uno salió con una versión distinta pero el camino era el mismo, lo único que hacíamos era seguir caminando, no sé si mis partners de la ruta se dieron cuenta que pasamos frente a una escuela que tenía unos murales preciosos, la Escuela México posee dos de éstos cada uno echo por los mayores exponentes del muralismo mexicano, obras de arte de gran significado y que la comunión del gobierno norteamericano, si es cierto son norteamericanos y no por eso gringos, y la alcaldía de Chillán. En nuestro caminar pasamos por una iglesia a meditar un rato, y nos metimos también a capear el calor. Chillán debe ser uno de los lugares donde el sol se siente hasta en la sombra, el desierto y los pueblos de sus alrededores por las razones climáticas en las que se encuentran deben tener condiciones similares, pero en esta ciudad estamos a una distancia razonable para sentir un poco más el fresco, definitivamente Chillán en verano es el infierno, y para sacarse esa sequedad de la boca de los viajeros hay dispuestos unas carpas como con 20 puestos de mote con huesillo, por la ruta que era antes la 5 Sur pero que ahora es el empalme de la ciudad con la Autopista, miramos con cara de deseo esos jugos, imaginándolos helados bajando por nuestra garganta saciando la sed, para no ser menos saciamos la sed pero tomando agua que llevábamos, íbamos en plan de ahorro, así que cada peso contaba.
Después de una hora de caminata por la ciudad, algo nos sirvió para llevarnos una impresión de ésta, llegamos a Chillán viejo, si el mítico lugar donde nació Don Bernardo, la misma ciudadela antigua que para el terremoto del 1939 se vino abajo, por eso Chillán tiene dos partes la nueva de donde veníamos y el viejo, mantenido por su carga histórica y las casas estilo colonial que se mantuvieron en pie o han sido restauradas. Tomamos un bus que nos dejaría en la ruta, al lado de la Bencinera, como mencionaba antes esto de las distintas distancias, quedaba harto lejos el lugar diez minutos en un bus que se fue a ochenta por hora es un buen recorrido que nos ahorramos. Al fin la Pecco de Chillán Viejo, que lindo era ver un lugar tan vivo y lleno de vehículos que nos podían llevar, pero bajando del bus miramos y encontramos dos grupos más de mochileros, competencia, se me vinieron a la mente las clases de economía y administración, las de economía y sus asignaciones eficientes, aunque en ese momento me fui por un punto ineficiente quería que tuviéramos el monopolio para hacer dedo tranquilos y nos llevarán, total nosotros manejábamos el mercado, a su vez me vino el lado administrativo y como podíamos sacar nuestras fortalezas para vender el producto, después de un breve análisis FODA; Fortaleza, tenemos buena labia y proactivos; Oportunidades, la cantidad de vehículos y el lugar estratégico que nos ubicamos; Debilidad, éramos cuatro y los otros un número menor, por lo de andar más fuerte que el metro en verano no era impedimento, todos andábamos en la misma; Amenaza, realmente la única que nos podía perjudicar que los compadres se pusieran densos y quisieran imponer un orden FIFO, tal como se manejan los inventarios, “firts in, firts out”. Pero no sucedió nada de los puntos negativos, Marucho y Chacalonero fueron a buscar agua y tantear el terreno, mientras yo me estire en el pasto a descansar unos diez minutos.



