
Toda semejanza con la realidad es solo la mera coincidencia, de que el autor se encontraba en el momento y lugar indicado.
Los personajes y acciones provienen de la mente de quien escribe, esa es la gracia, yo cuento la historia como quiero.
TODO POR LA MALDITA TORTA CURICANA.
Nos juntamos en el terminal de buses, llenos de esperanzas, ilusionados por las aventuras que se vendrían, pero nadie nos preparo para lo que sucedería horas más tardes en nuestra nobel empresa rutera.
Todo partió calmado, Marucho con su amurramiento tempranero nos alegro la vida, Chacalonero sacaba al lustre que no existiría nada de moral en el viaje, Party Boy iba dispuesto a rockanrolear con cuanta dulcinea se le tropezará en el camino y yo, Tío Loco, apelaba a tener un momento de cordura para no cometer los excesos del pasado.
El viaje fue raudo, como teletransportados en la máquina del tiempo llegamos a destino, Curico, tierra fértil en tortas curicanas, obvio, las cuales fuera de todas las leyendas que pululan en el colectivo nacional son, en verdad, deliciosas. Las pudimos admirar por largos minutos antes de dar rienda suelta a nuestro apetito voraz.
Eso de devorar las tortas solo fue un trámite el destino algo más nos tenía preparado, quizás nunca visualizamos y proyectamos en nuestras imberbes mentes que aparecería delante de nosotros el Profeta, quien nos menciono que bajo su compañía podríamos encontrar tortas a mejores precios, de todos los gustos y sabores para ensalzar nuestro exquisito paladar. Bueno encontramos que el tipo se manejaba en aquellos temas y no dudamos de su ofrecimiento, ya en tierra derecha, nos dispusimos a degustar una torta Mistral-Cola, era exquisita pero con el tiempo nos fuimos dando cuenta que bajo su sabor extraordinario, el Profeta nos iba poniendo trampas para que cayéramos bajo sus influjos, unos durmieron, otros bailaron, en verdad todos bailamos, pero lo peor fue que Party Boy pasó toda la noche en el WC, nadie se explicaba por qué, después llegamos a la conclusión que fue el exceso de torta curicana, se le repetía a cada rato, lo perseguía, una especie paranoica de repetición eterna.
No lo dejo tranquilo en toda esa noche, pero era tanta la tentación de las tortas que volvía a caer en sus tentáculos del sabor, como embobado sin pensar en lo que hacia, quizás los momentos de lucidez volvían en el WC cuando escuchaba entre las sombras que la estaba cagando, pero el decía déjenme cagarla con tranquilidad, me encuentro en el lugar perfecto para hacerlo.
Fue así que deambulamos por esos laberintos del placer culposo, de repente, nos vimos botados al lado de un cerro con el día nublado y amaneciendo, sin recordar como habíamos llegado hasta ahí, deambulamos por una plaza comiendo junto a los perros, conversando con el cajero automático y el guardia para que los dejarán dormir tranquilos en la banca de aquella plazoleta cuyos inquilinos miraban con desconfianza a esos imberbes que venían a usurpar de sus terrenos, escuchamos despotricar a un joven que había perdido su empleo por caer en los embrujos del alcohol, tomamos una micro que nos dejo frente al local del Profeta y sus tortas, nos dormimos en aquel lugar con el fin de despertar y pedirle las explicaciones correspondientes por el embrujo al que habíamos sido sometidos.
Nos despertaron, fue profundo el sueño en las dos horas y media de viaje, era el asistente del bus que nos decía que estábamos pronto a llegar a Curico, nos miramos como compartiendo el sentido común del sueño, quizás era la premonición de la conexión que logramos en nuestra aventura.
Los personajes y acciones provienen de la mente de quien escribe, esa es la gracia, yo cuento la historia como quiero.
TODO POR LA MALDITA TORTA CURICANA.
Nos juntamos en el terminal de buses, llenos de esperanzas, ilusionados por las aventuras que se vendrían, pero nadie nos preparo para lo que sucedería horas más tardes en nuestra nobel empresa rutera.
Todo partió calmado, Marucho con su amurramiento tempranero nos alegro la vida, Chacalonero sacaba al lustre que no existiría nada de moral en el viaje, Party Boy iba dispuesto a rockanrolear con cuanta dulcinea se le tropezará en el camino y yo, Tío Loco, apelaba a tener un momento de cordura para no cometer los excesos del pasado.
El viaje fue raudo, como teletransportados en la máquina del tiempo llegamos a destino, Curico, tierra fértil en tortas curicanas, obvio, las cuales fuera de todas las leyendas que pululan en el colectivo nacional son, en verdad, deliciosas. Las pudimos admirar por largos minutos antes de dar rienda suelta a nuestro apetito voraz.
Eso de devorar las tortas solo fue un trámite el destino algo más nos tenía preparado, quizás nunca visualizamos y proyectamos en nuestras imberbes mentes que aparecería delante de nosotros el Profeta, quien nos menciono que bajo su compañía podríamos encontrar tortas a mejores precios, de todos los gustos y sabores para ensalzar nuestro exquisito paladar. Bueno encontramos que el tipo se manejaba en aquellos temas y no dudamos de su ofrecimiento, ya en tierra derecha, nos dispusimos a degustar una torta Mistral-Cola, era exquisita pero con el tiempo nos fuimos dando cuenta que bajo su sabor extraordinario, el Profeta nos iba poniendo trampas para que cayéramos bajo sus influjos, unos durmieron, otros bailaron, en verdad todos bailamos, pero lo peor fue que Party Boy pasó toda la noche en el WC, nadie se explicaba por qué, después llegamos a la conclusión que fue el exceso de torta curicana, se le repetía a cada rato, lo perseguía, una especie paranoica de repetición eterna.
No lo dejo tranquilo en toda esa noche, pero era tanta la tentación de las tortas que volvía a caer en sus tentáculos del sabor, como embobado sin pensar en lo que hacia, quizás los momentos de lucidez volvían en el WC cuando escuchaba entre las sombras que la estaba cagando, pero el decía déjenme cagarla con tranquilidad, me encuentro en el lugar perfecto para hacerlo.
Fue así que deambulamos por esos laberintos del placer culposo, de repente, nos vimos botados al lado de un cerro con el día nublado y amaneciendo, sin recordar como habíamos llegado hasta ahí, deambulamos por una plaza comiendo junto a los perros, conversando con el cajero automático y el guardia para que los dejarán dormir tranquilos en la banca de aquella plazoleta cuyos inquilinos miraban con desconfianza a esos imberbes que venían a usurpar de sus terrenos, escuchamos despotricar a un joven que había perdido su empleo por caer en los embrujos del alcohol, tomamos una micro que nos dejo frente al local del Profeta y sus tortas, nos dormimos en aquel lugar con el fin de despertar y pedirle las explicaciones correspondientes por el embrujo al que habíamos sido sometidos.
Nos despertaron, fue profundo el sueño en las dos horas y media de viaje, era el asistente del bus que nos decía que estábamos pronto a llegar a Curico, nos miramos como compartiendo el sentido común del sueño, quizás era la premonición de la conexión que logramos en nuestra aventura.
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